La alternativa interconductual a los constructos de libre albedrío y determinismo

TitleLa alternativa interconductual a los constructos de libre albedrío y determinismo
Publication TypeAcademic Article
AuthorsSmith, NW
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Algunas veces el tema de la conciencia es citado como un misterio impenetrable o el misterio más grande que queda en el universo; y en ocasiones los constructos de libre albedrío y determinismo reciben ese dudoso honor. En tanto no se les reconozca como constructos impuestos, seguirán siendo grandes misterios que envían a los pensadores hacia direcciones erróneas persiguiendo fantasmas. Los constructos son una parte legítima y necesaria de la ciencia pero deben derivarse de eventos observables y no ser impuestos a los eventos por fuentes tradicionales (Kantor & Smith, 1981; Smith, 2007). El libre albedrío y el determinismo no son eventos sino constructos con una larga historia metafísica e impuestos por las observaciones de personas interesadas en tales eventos como la elección. En contraste a la imposición de constructos, la observación de eventos de selección desplegará una constelación de hechos que constituyen la elección. En uno de sus primeros trabajos, Kantor (1926, p. 337) observó que la especificidad de las interacciones y de las condiciones del entorno están involucradas en las conductas de elección. Los constructos de libre albedrío y determinismo son innecesarios e incluso relevantes.

Tipos de Libre albedrío y Determinismo

De manera usual el Libre albedrío y Determinismo son puestos uno contra el otro como ciertos tipos de fuerzas o causas de la conducta. Argumentaré que éstos son constructos impuestos, no eventos. Observamos a la gente elegir, no como una causa-efecto lineal sino como parte de una colección mucho mayor de cosas y condiciones que entran en cada acto de elección. Cuando se abordan como eventos concretos que pueden observarse, estos constructos como la mente y la conciencia, podrían usarse como asideros para el evento (descartando cualquier papel causal) pero en realidad son superfluos y su rechazo podría evitar sin pretenderlo, atribuir un papel causal o explicativo. Después de revisar algunos de los numerosos tratamientos del libre albedrío y del determinismo, regresaré a los eventos de elección. Estas categorías largamente establecidas del libre albedrío y determinismo están tan bien establecidas que usualmente se les trata en los libros de referencia general tales como las enciclopedias y búsquedas de internet así como en libros más técnicos como los de Baumeister and Tierny (2011), Dennett (2013), Frank (1957), e Immergluck (1964). El hecho de que los dilemas que contienen nunca se resuelven, sugiere que hay algo fundamentalmente erróneo en ellos.

Determinismo

El determinismo incompatible sostiene que el determinismo es incompatible con el libre albedrío. El determinismo compatible mantiene que el libre albedrío y el determinismo son compatibles entre sí (Dennett, 2015). Con el determinismo suave, una forma del determinismo compatible, sólo una parte de la conducta es determinada por el ambiente y sólo una parte. Sostiene que en todo comportamiento existe cierta libertad de elección pero es influenciada por nuestras condiciones biológicas y del entorno. Los partidarios dicen que la gente hace elecciones y a su vez, éstas son dirigidas por otras condiciones. Todos los eventos que incluyen a los humanos están determinados por naturaleza.

Los psicólogos cognitivos aceptan el libre albedrío pero usualmente del tipo de determinismo suave. Ellos recurren a las analogías de computadora en las que la información es procesada como un proceso de toma de decisiones. La estrategia y la organización gobiernan las propias acciones pero también ayudan a hacer la mejor elección en cualquier situación dada. En el determinismo suave “la gente tiene la oportunidad de elegir pero su conducta siempre está sometida a alguna forma de presión biológica o ambiental” (McLeod, 2013).

De acuerdo al determinismo duro, el libre albedrío no existe. Todos los eventos que incluyen al humano están determinados por naturaleza. El libre albedrío y la responsabilidad no tienen sentido. En vista de esto, ellos asumen que la mente es el cerebro y por lo tanto determinada mecánicamente por la acción cerebral, todas las elecciones están determinadas por la acción cerebral, es decir, por los impulsos mecánico-eléctrico-químicos de este órgano. Esto causa que experimentemos libre albedrío a pesar de que las opciones estén determinadas.

Los libertarios[1] argumentan que el determinismo no se sostiene ni que el libre albedrío existe. Pero las personas son casos especiales. Ellos son agentes activos y hacen elecciones aun cuando el resto de la naturaleza está determinada. Estas elecciones no son el producto de fuerzas externas sino determinadas totalmente por la iniciativa del individuo. Los libertarios no han argumentado que la conducta no tenga leyes sino que sigue reglas únicas para los humanos. Los programas de reforzamiento de Skinner son buenos ejemplos de principios que pueden aplicarse tanto a no humanos como humanos pero se aplican en su forma pura en gran medida a situaciones especiales de aprendizaje. Se aplican a los humanos de manera más efectiva cuando se consideran numerosas variables adicionales tales como las condiciones situacionales (Smith, 2006). Por ejemplo, los programas de reforzamiento predicen la conducta de juego de algunos individuos pero no la de todos. No está claro qué leyes de conducta son necesaria y exclusivamente humanas.

Entre los tipos de determinismo, el determinismo causal sostiene que la naturaleza sigue una ruta predeterminada. Todo evento es producto de eventos antecedentes. También insiste que nuestro pensamiento, razonamiento y elecciones están tan determinados como otros eventos en la naturaleza y que el pensamiento, razonamiento y elección son responsables de que ocurran otras cosas. La cadena de eventos se remonta al inicio del universo. Nada es auto-causado o no causado. El futuro está determinado por el pasado. Esto no se basa en la razón ni en la observación sino que se toma simplemente como una verdad obvia y es llamada determinismo nomológico o determinismo físico. Es una forma común de determinismo causal. El determinismo teológico constituye el caso de que debido a que dios es omnisciente, sabe qué pasará en el futuro. De hecho, él creó el pasado, el presente y el futuro. Los humanos no tienen papel alguno en la determinación del futuro ni responsabilidad alguna de lo que pase en futuro o en lo que los humanos hacen, ni de las elecciones que hacen. Todo es responsabilidad de dios. El libre albedrío humano es imposible cuando un creador ha hecho, determinado y puesto en movimiento todo con un conocimiento previo completo respecto al curso de la acción, un curso fijo.

Aún otro enfoque es el que se refiere al movimiento Browniano en el que partículas en un fluido se mueven de manera aleatoria, no en forma determinada como un supuesto ejemplo del indeterminismo en un micro nivel. Este punto de vista sostiene que los eventos en la naturaleza existen en varios niveles. Los eventos son deterministas en algunos niveles e indeterministas en otros (List, 2014, Musser, 2015). Los de la física son deterministas pero el libre albedrío no es físico y no es determinista. En el nivel de la “mente”, los deseos, intenciones y creencias estas condiciones son indeterministas. “El mundo es un pastel de capas de determinismo e indeterminismo… No es la causa de tu decisión. Es tu decisión” (Musser, 2015, p. 93).

Para ser libres necesitamos el indeterminismo no en el nivel de la partícula sino en el nivel humano. Y eso es posible porque los niveles de lo humano y de la partícula, son autónomos. Aun cuando todo lo que hagas puede rastrearse a eventos anteriores, puedes ser el autor de tus acciones pues ni tú ni las acciones existen en el nivel de la materia, sólo en el micronivel de la mente (Musser, 2015, p. 93.).

Este enfoque mentalista parece decir que el indeterminismo y el libre albedrío son lo mismo.

Otro enfoque es el de Harris (2012) quien argumenta que el libre albedrío es una ilusión. Esta ilusión es producida por una combinación de la genética y el ambiente que juntos, resultan en un estado cerebral que produce la conducta. Al mismo tiempo, el organismo observa su propia conducta que el individuo no selecciona sino que surge de la mente/alma/cerebro antes de que ocurra la observación.

Algunas de las hipótesis deterministas son más relevantes para la psicología, y algunas otras son de interés primordial de los filósofos. El determinismo biológico o genético sostiene que las creencias y los esfuerzos humanos son fijados por los genomas. El determinismo conductista, mejor presentado por B. F. Skinner, sostuvo que toda la conducta está determinada ambientalmente (o determinada por reflejos, de acuerdo a J. B Watson en la primera parte del siglo veinte), pero Skinner aceptó el rol de la genética y la historia de la evolución en la conducta (Skinner, 1984).

El determinismo social o cultural atribuye la causalidad al entorno cultural en el que la persona es criada. Otro enfoque o grupo de enfoques que llevan nombres tales como neuropsicología, psiconeurología, neurociencia conductual, biopsicología y psicobiología toman un enfoque ampliamente neuronal al sostener que las conductas están determinadas por las neuronas. Cada vez más estos enfoques han ido reconociendo que las condiciones ambientales, tanto biológicas como externas al igual que las neuronas, hormonas y genes, influyen las conductas de selección.

Libre albedrío

Uno de los puntos de vista más antiguos respecto al libre albedrío es el de las facultades. En esta perspectiva, todos los organismos tienen poderes, facultades o capacidades pero algunos, especialmente los humanos, tienen agentes libres que proporcionan las conductas volitivas. El libre albedrío requiere de una facultad intelectual para hacer juicios y poder elegir entre las posibilidades.

La psicología científica no es ambigua en su declaración de que no existe tal entidad como la voluntad y por lo tanto no puede haber una pregunta legítima respecto a la libertad o determinación de la voluntad. El constructo de la voluntad se deriva directamente de la psicología de las facultades que es, por supuesto, mentalista y teísta. La voluntad así como la libertad y la determinación provienen de la psicología del alma y no de una observación de los seres humanos y de su conducta (Kantor, 1981).

Un punto de vista jerárquico sostiene que el libre albedrío surge entre las jerarquías de deseos cuando un deseo de primer orden se convierte en una volición de primer orden. La sensibilidad de las razones asume que la agencia tiene una sensibilidad para ciertas razones y actúan sobre ellas con el libre albedrío cuando se cumplen ciertas condiciones. No actúa sobre ellas con libre albedrío cuando no se cumplen estas condiciones.

Estos tipos de libre albedrío reciben poca atención fuera de la filosofía. De manera usual se considera al libre albedrío una yuxtaposición de tipos de determinismo como los delineados antes. Para cada tipo de determinismo existen proposiciones respecto a su naturaleza. Algunos estudiosos han negado su existencia; algunos claman que existe junto al libre albedrío; algunos mantienen que es compatible con la voluntad; y algunos lo aceptan como real pero argumentan que no es compatible. Algunos sostienen que la verdad de cada tipo de indeterminismo es irrelevante pues el libre albedrío es simplemente imposible. Ninguno reconoce claramente que éstos son constructos y por tanto ficciones.

Desde el punto de vista de la psicología interconductual, un serio error de ambas posiciones es que recurren a argumentos populares metafísicos. Básicamente, los contendientes en ambos lados han revertido al problema religioso de la libertad y de la voluntad. Cuando se refiere a la conducta humana real, no existe problema generalizado de la libertad. Lo que un observador científico tiene que describir son sugerencias específicas en las que se desempeñen ejecuciones alternativas. Los factores que permiten o previenen la selección son totalmente concretos [tales como] la historia financiera, legal, social, doméstica y personal. (Kantor & Smith, 1975, p, 499).

Direcciones en Psicología

Antes de Copérnico (1473-1543) la tierra era el centro del universo. Los planetas y el sol, al igual que la luna, giraban alrededor de la tierra que era el glorioso centro de la creación. Pero entonces Copérnico sacó a la tierra del centro, donde ya no era suprema. De manera semejante, la psicología interconductual reclama no sólo mover al cerebro de su control central de la conducta del organismo sino mover al organismo completo fuera de su centro como el lugar de su propia causación y hacer al organismo un componente en el campo de eventos que comprenden la causación. El cognoscitivismo, un actor importante en la psicología tradicional, aún opera en una manera pre-copernicana en la que el organismo es el centro y es auto-causado. Este punto de vista no se originó de la observación de los eventos o de la investigación de cualesquier conductas sino de la tradición que se remota a Agustín (354-430) y Tomás (1225-1274).

Los teólogos formularon la creencia de la predestinación (un curso pre-determinado de los eventos para los humanos) mientras que otros teólogos argumentaron la operación del libre albedrío. En el debate del libre albedrío versus el determinismo, en forma tradicional la psicología ha favorecido el tema del determinismo versus el del libre albedrío. El argumento para preferir el determinismo va más o menos así: La psicología ve el comportamiento humano como una parte de la naturaleza que todas las ciencias abordan y éste a su vez sigue las leyes del determinismo. Cualquier evento en la naturaleza que no sea resultado de eventos antecedentes violaría las leyes de la física y sería impredecible. Las ciencias serían imposibles. Una ciencia de la psicología que busca la regularidad y sigue principios que pueden descubrirse sería imposible si fuera no determinada. Las vidas serían caóticas en lugar de ordenadas.

¿Significa libre albedrío que un evento indeterminado, un evento sin causa, puede ocurrir? ¿Es la conducta no regulada y caótica? ¿Es auto-causada? El determinismo, por otra parte, asume una causa y efecto estricto. El libre albedrío asume una causa interna y el determinismo una causa externa. En contraste, el interconductismo considera a la causa como un complejo de eventos observables. Identifica tanto al libre albedrío como a la voluntad como constructos que consiguen imponerse sobre los eventos observados y rechaza ambos. Insiste que las investigaciones deben partir no de constructos sino de la observación de eventos de los que pueden derivarse constructos como teorías, descripciones, mediciones, diagramas e inferencias (Smith, 2007).

B. F. Skinner ha sido uno de los más firmes defensores del determinismo y de que el origen de la causalidad es ambiental. El ambiente, de manera especial en la forma de reforzamiento, determina la conducta. Algunos individuos reciben reforzamientos por romper la ley –con frecuencia la riqueza es el reforzamiento. Otros que son respetuosos de la ley son reforzados por su conducta ejemplar. El libre albedrío es sólo una ilusión. El descubrimiento de Skinner respecto a las consecuencias de varios programas de reforzamiento es una de las demostraciones importantes de su posición. Su trabajo muestra, por ejemplo, la poderosa influencia y su resistencia a la extinción que el reforzamiento intermitente tiene en el juego, en el entrenamiento de animales y en la enseñanza de logro de tareas en niños. Aunque su aplicación de manera usual brinda resultados imperfectos, permanece como uno de los más poderosos recursos que tenemos hoy en día para influir en la conducta humana. Esta regularidad y predictibilidad llevó a Skinner (1971) a descartar al hombre autónomo y a reemplazarlo por el ambiente autónomo. El punto de vista de Skinner es metodológicamente ambiental (Smith, 2001). Para Skinner los principios de reforzamiento son leyes conductuales que no requieren actos de voluntad, ni elecciones por parte del organismo. Todo es resultado de un control de estímulo.

Un contraargumento al ambientalismo es que la conducta no es influenciada sólo por el ambiente sino que ésta también influye en él, que hay una reciprocidad en las influencias. Los deterministas preguntan, ¿si la conducta no es determinada, es azarosa? Si no es al azar entonces ¿qué se considera para la regularidad sino el ambiente, la genética y otras condiciones? Los defensores del libre albedrío, por el otro lado, preguntan cómo el determinismo puede considerar la responsabilidad moral pues ésa requiere la libre elección. Un individuo que viola una ley puede ser castigado al ejercitar una elección errónea. Esto asume que somos libres para hacer elecciones de las que somos responsables. Baumeister (2011) es uno de los psicólogos que sostiene el constructo del libre albedrío. Mantiene que es una forma especial de causalidad que surgió mediante la evolución para servir a propósitos sociales (ver Baumeister, más abajo). Nahmias (2015) y Nahmias, Shepard y Reuter (2014) cuestionan el reclamo de que los estudios de la acción y comportamiento neurológicos muestran un control total del cerebro sobre nuestras conductas. Los autores argumentan, y tienen estudios que lo respaldan, que existe espacio para cierto grado de libre albedrío.

Pearce (2015) sostiene que no existe evidencia alguna del libre albedrío pero existe abundante evidencia del determinismo. El autor resume siete puntos de la evidencia y concluye que la ciencia sería imposible sin un mundo determinista; afirma que la evidencia es tan abrumadora que el determinismo es una conclusión inevitable. “De hecho, hay tanta evidencia proveniente de la ciencia social, psicología, neurociencia, genética y biología demostrando que el libre albedrío es una ilusión que difícilmente necesitamos recurrir a la filosofía para formular el caso” (Pearce, 2015).

Ambos, partidarios del libre albedrío y deterministas, como parte de la psicología tradicional (Smith, 2001), que es mayormente organocéntrica, dan a las conductas, sean libres o determinadas, un lugar ficticio en alguna parte del cerebro. Con frecuencia éste es basado en mediciones del flujo de la sangre (como indicador de impulsos neurales) en los que ciertos patrones de flujo sanguíneo se correlacionan con conductas observadas. Pero éstos son sólo indicativos de que esas células cerebrales participan (Delprato, 2006) en el acto o condiciones necesarias para el acto. E incluso esto es sólo una correlación del flujo sanguíneo y del comportamiento y no alguna garantía de una condición necesaria. Ciertamente está lejos de una condición suficiente que hagan de esas células el contenedor o productor de los actos observados. Este supuesto determinador interno proporciona poca credibilidad a cualesquier factores externos. La hipotética entidad mente-cerebro es un tipo de dios en la máquina (deus ex machine) y recibe casi todo el peso para explicar los comportamientos. Algunas veces se dice que es un motivo interno o fuerza de voluntad que explica por qué un individuo hace esta elección en lugar de alguna otra. Es la fuerza del movimiento y la determinación. El organismo es auto-causado. En el sistema interconductual ninguna condición causa la conducta ni el cerebro o parte de él o DNA o incluso el organismo completo. Todos los factores del campo (organismo, objeto de estímulo, historia interaccional, condiciones situacionales, medios del contexto) abarcan el evento. Ningún factor representa el evento. Cada uno es una condición necesaria, no una condición suficiente pero juntos en una mutiplicidad (multiplex) de eventos, constituyen las condiciones suficientes. Estos factores concretos más que los constructos del libre albedrío o determinación, son suficientes para entender la selección hecha. Todos los factores componentes necesitan evaluarse. La noción del libre albedrío y del determinismo nunca surge en un sistema de campo. Estos constructos tradicionales son un artefacto de la auto-causación y de la confusión de constructos con eventos reales.

En el lado opuesto del continuo a Skinner está Carl Rogers cuya terapia centrada en el cliente asumió el libre albedrío. La tarea del terapeuta es facilitar las elecciones de los clientes de manera que puedan ser benéficas en la vida. Para esto deben tener libre albedrío. Rogers enfatizó la importancia del desarrollo constructivo del yo (mente) que permitiría a un individuo hacer más y mejores elecciones que contribuirán a una buena vida. Este punto de vista es congruente con el de otros psicólogos humanistas como George Kelly, Henry Murray, Gordon Allport, Abraham Maslow y Joseph Rychlack. En esta línea, Howard & Conway (1986) presentaron tres estudios “para recordar a los investigadores cuánto de la conducta humana podría ser mejor entendida como una acción intencionada de los agentes implicados. Una psicología que reconozca de manera apropiada al agente activo involucrado podría, en cambio, relacionar de manera más efectiva sus intuiciones con los hallazgos en las humanidades y en otras ciencias humanas” (p. 1250). Un partidario más reciente del libre albedrío es Baumeister (2011) quien lo ve como un resultado de la evolución aunque su investigación empírica no ofrece ningún respaldo.

Casi toda la psicología acepta que la conducta es influida por la historia de la persona, la organización biológica de las especies, la historia pasada y las condiciones del entorno. Comenzando aproximadamente en los 1950, los psicólogos orientados empíricamente han considerado, menos frecuentemente que en el pasado, que la conducta está totalmente determinada y ahora usan términos como propósito y elección consciente para dar cuenta de algunos comportamientos aun cuando no es posible una prueba empírica del libre albedrío o del determinismo. La suposición del libre albedrío se ha usado para orientar la planeación de estudios respecto al propósito o elección (Sappington, 1990).

Algunas consecuencias de Creer y No creer

Los estudios empíricos muestran que la creencia en el libre albedrío mejora la conducta cooperativa y reduce la agresividad (Baumeister, Masicampo, & DeWall, 2009). Después de leer respecto a la elección de la conducta prosocial, los sujetos tendieron a estar más dispuestos para participar en la conducta prosocial y menos a ser agresivos hacia alguien que los había rechazado. La creencia también reduce la tendencia a hacer trampa (Vohs & Schooler, 2008). Pero al mismo tiempo, una creencia en el libre albedrío también reduce la conformidad (Alquist, Ainsworth, & Baumeister, 2013). Los sujetos no tienden a seguir el liderazgo de otra persona cuando se les hace creer que el libre albedrío es una ilusión. Se sienten más autónomos. Después de experimentar tristeza reflexionan sobre la conducta alternativa que sería más efectiva y que resulte en aprendizaje (Baumeister, Vohs, DeWall, & Zhang, 2007; Stillman & Baumeister, 2010) en activación de regiones cerebrales (Rigoni, Kuhn, Sartori, & Brass, 2011). En una serie de experimentos Clark et al. (2014) encontraron que el libre albedrío afectaba la conducta prosocial y los juicios de castigo. La evidencia de los estudios apunta a su uso como un medio de responsabilizar a la gente de su responsabilidad moral y castigar a aquellos que afectan negativamente a la sociedad. 

El determinismo suave es aceptado, aunque de manera implícita por la mayoría de los psicólogos de hoy. Requiere que las elecciones conscientes tengan un papel en al menos algunas conductas. Éste es un cambio mayor en el pensamiento dominante desde 1950. “Es el concepto de los seres humanos como agentes, como de alguna manera siendo la causa de sus propias elecciones y acciones que se oponen a la psicología tradicional y que debe tratar de hacer de esto su caso” (Sappington, 1990, p. 20.).

En tanto que estos hallazgos son de interés y algunos de ellos posiblemente muy importantes, no establecen de manera alguna nada nuevo acerca de la validez de los constructos del libre albedrió o del determinismo. Esto es reconocido por Baumeister (2011) quien observó que ellos no proporcionan una base para determinar si el libre albedrío existe o no. No obstante, le dio a la voluntad estatus existencial y argumentó que emergió de la evolución por razones y funciones sociales como una forma especial de causalidad que ha emergido de procesos más simples. Atribuyó la auto-regulación o el auto-control a la fuerza de voluntad o los mantiene como sinónimos de la fuerza de voluntad (Baumeister, 2011, 2015; Baumister and Tierney, 2011). A pesar de los numerosos estudios empíricos que ha realizado, no reconoce que éstos son constructos impuestos, no eventos concretos como los de sus estudios. La ortodoxia mantiene un control férreo sobre muchos psicólogos.

Campo Múltiple (Multiplex) como una alternativa al determinismo y voluntad

Una persona busca en la biblioteca, examina varios libros de posible interés y finalmente selecciona uno para leer. ¿Está este individuo ejerciendo su libre albedrío o es la decisión de una serie de eventos causales antecedentes los que determinan la selección? El determinista argumentaría que el individuo realmente no tiene decisión en este caso sino que seleccionó el libro sobre la base de secuencias legales de causa y efecto. Cada acto es causa del siguiente y así consecutivamente ad infinitum con cualquier “selección” siendo también determinada. El defensor del libre albedrío sostendría que los humanos pueden erigirse por encima de la causa física y de las relaciones de evento y hacer libres sus elecciones mediante el ejercicio de la fuerza de voluntad. Incluso otros mezclan varias mezclas de libertad y determinismo. Algunos hacen una distinción entre determinismo y causalidad; la causalidad es una fuerza motivadora: en una situación de elección, el individuo usa la fuerza de voluntad para rechazar todos los motivos excepto uno, haciendo así la decisión como una que es causada pero no determinada de manera estricta. Es la motivación la que en la actualidad se suele referir como causal más que voluntad o determinismo.

El argumento propuesto por el interconductista es que el debate es inútil pues invoca fuerzas metafísicas, como la voluntad y el determinismo (y a veces motivos) y las impone a los eventos. ¿Qué son el libre albedrío y la voluntad sino abstracciones vacías? ¿Dónde están estos constructos ligados a eventos reales? Tales creaciones verbales no deben confundirse con los eventos. Lo que el observador realmente observa son campos de objetos y eventos interrelacionados. En el ejemplo de seleccionar un libro, un enfoque del evento requeriría examinar los intereses de la persona, sus problemas momentáneos urgentes que el libro en consideración pudiera ayudar a resolver, la cantidad de tiempo disponible para la lectura en relación a la extensión del libro, las recomendaciones de un amigo y otros factores relevantes. Después de describir completamente los factores esenciales, incluyendo la deliberación y elección, no hay necesidad de añadir una fuerza especial de ningún tipo. Los factores interactuantes e interdependientes que comprenden un campo de eventos psicológicos en sí mismos son condiciones causales. Éste es un enfoque de descripción funcional más que un enfoque prescriptivo. Cada ocurrencia puede correlacionarse con conjuntos de condiciones particulares –examinar el libro, considerar su conveniencia o pertinencia en términos de intereses, necesidades, tiempo de lectura. Un cambio en un campo de eventos implica un nuevo arreglo de los factores del campo –deliberar sobre otro libro, rechazando el libro anterior. En tanto que propiedades y condiciones nuevas estén presentes, la organización debe ser diferente, una correlación o co-presencia diferente. Encontrar el libro que es más adecuado, en cuyo caso es elegido, es el campo final de eventos de esa serie. Considerando que el tiempo y traslado hacia la ventanilla de salida serían otros campos de eventos que ocurrirían. No es necesaria una fuerza invisible o impulsora.

Los estudios empíricos sobre los efectos de creer en la voluntad y determinismo tienen su legitimidad pero, como algunos autores de estos estudios lo hacen notar, no nos dicen nada respecto a dónde, en el continuo de estos dos constructos alguien encuentra argumentos convincentes o evidencia de uno respecto al otro o de alguna mezcla. Y no pueden porque están tratando con creencias específicas acerca de estos constructos y no con los constructos en sí mismos. Es sólo al enfocarse en reconocer estos constructos impuestos como tales y entonces observar en qué condiciones ocurren las elecciones que podemos avanzar en el entendimiento y quizá predecir elecciones en cierto grado de precisión.

Respecto al argumento de que los eventos observados que comprenden un campo múltiple del interconductismo, son deterministas, puede contraatacarse que como eventos concretos, no tienen poderes metafísicos ni dependen de una tradición derivada de la teología. Como eventos, no son constructos impuestos. Aún más, no causan nada sino que son factores participantes en las interacciones que comprenden el campo. Y ellos cambian en la medida que cambian los eventos pues no son fijos. Cualesquier inferencias (constructos) que puedan obtenerse son aquellas que se derivan de las observaciones, nunca impuestas a las observaciones. El campo no es una cosa metafísica predeterminada que tiene ranuras para las cosas y eventos que incluye sino un complejo múltiple siempre cambiante cuyos componentes están interactuando y cambiando, a diferencia de empezar con un constructo impuesto del determinismo e imponerlo a las observaciones.

Así, una orientación interconductual consideraría las ocurrencias psicológicas como eventos en las que el papel de todos los factores componentes sería evaluado. Su relación e interrelación del flujo de eventos es el foco de tal orientación. No hay una glorificación del organismo sobre el objeto. De manera consecuente no hay lugar para un primer motor. En otras palabras, en un enfoque interconductual nunca surge la pregunta del libre albedrío… La controversia del libre albedrío-determinismo es un artefacto de un procedimiento de auto-actuación. Si y donde, en un futuro lejano tal procedimiento debiera ser reemplazado por un tipo de teoría de campo tipo interconductual, entonces la cuestión: “¿el hombre posee un libre albedrío o su conducta está estrictamente determinada?” sería un fósil filosófico y lingüístico. Sólo puede ser nutrido mediante un enfoque auto-accional en el cual está incrustado. La pregunta nunca surge en una teoría de campo (Pronko, 1972).

La conducta voluntaria, a diferencia de los constructos de la voluntad y determinismo, es un evento observable y es continua durante toda la vida. Podemos estudiar campos de interacciones y descubrir los innumerables factores que participan en las elecciones. De hecho, lo hace la investigación en conductas de consumo con técnicas cada vez más sofisticadas facilitadas por avances en la electrónica. Estos investigadores no buscan la fuerza de la voluntad o los determinadores de la conducta sino las clases de factores concretos aquí esbozados. Los eones de controversias respecto al libre albedrío y la voluntad no desempeñan un papel en sus investigaciones sino que se dejan para guardar polvo. Este enfoque concreto sirve muy bien para encontrar qué influye en las decisiones de niños, adolescentes, adultos y varias subpoblaciones de estas poblaciones y tratar de ganar ventaja sobre los competidores. De manera semejante, preguntas respecto a los supuestos misterios de la consciencia y de la mente-cerebro no reciben mayor atención que el libre albedrío o determinismo en el presupuesto de investigaciones de empresas comerciales y sin embargo han realizado avances sorprendentes en la identificación de factores concretos que influyen.

Temas de Aplicación

Psicoterapia

Para la modificación de conducta, terapia cognitivo-conductual, terapia realista, psicoanálisis, terapia centrada en el cliente, terapia humanista, terapia de la gestalt y otras, la suposición implícita es que el individuo puede ser cambiado de alguna manera para comportarse de una manera más satisfactoria. Estas terapias pasan por alto la naturaleza de campo del evento psicológico. Esos enfoques, que son organocéntricos, dan lugar al modelo médico con su uso de medicamentos, lobotomías frontales y choques electro-convulsivos como medios para tratar los desórdenes conductuales. Una de las pocas orientaciones terapéuticas que intenta hacer frente a la situación así como del individuo es la psicología comunitaria. El paradigma interconductual sugiere que la más efectiva de las terapias sería la que funciona en casa, comunidad y situación laboral al igual que con los individuos. Una persona que obtiene nuevas ideas y nuevos comportamientos públicos pero que se encuentra ante las mismas situaciones que estaban involucradas originalmente en el desarrollo de sus problemas, a menudo pueden no gozar de beneficios duraderos como cuando también mejora la situación.

Responsabilidad social y legal

¿En dónde descansa la responsabilidad de las acciones de los individuos? Si la persona se convierte en un ebrio ¿es culpa de esa persona o es la culpa de una comunidad desfavorecida y un hogar roto? ¿El estudiante que es exitoso en lograr honores académicos merece felicitaciones o debemos felicitar a los padres que proporcionaron la inspiración, oportunidades de aprendizaje temprano y apoyo financiero; a las buenas escuelas que formaron los intereses escolares de los estudiantes; y al sistema de impuestos y una comunidad que apoyó a las escuelas? ¿Y quién tiene la culpa del comportamiento criminal: el criminal mismo o la sociedad? Si nos “ponemos duros” con los criminales ¿Esto disuadirá el crimen? ¿O tenemos que dirigirnos a la sociedad? En otras palabras, ¿la conducta criminal es un resultado de la voluntad individual o de las circunstancias determinantes? Aquí, el argumento es que ninguno porque éstos son constructos impuestos.

Cada vez los tribunales están dando mayor peso a las influencias adversas que influyen en los acusados de actos criminales el lugar de asumir que ellos hacen acciones libres totalmente (Denno, 2011). Pearce (2015) cita un caso en el que a un asesino se le dio una sentencia reducida debido a un desorden conductual y un gen vinculado a la agresión.

Desde el punto de vista del campo interconductual, la responsabilidad es claramente una relación. Incluso con un individuo que supera la adversidad para lograr un éxito, pueden usualmente encontrarse algunas circunstancias especiales que contribuyeron, tales como un amigo o profesor inspirador. O cuando alguien comete un crimen ante circunstancias favorables, las influencias diversas sobre la persona desde la infancia pueden incluir algunas que eran insidiosas. La conducta voluntaria depende de las percepciones de las consecuencias, factores situacionales y de la historia interconductual. Sociedad e individuo son corresponsables de todas las actividades sean malas o benéficas. Si deseamos reducir el crimen debemos cambiar tanto a la sociedad como al individuo o quizá más precisamente, cambiarlos a ambos. Si queremos fomentar logros socialmente deseables debemos nutrir el medio del individuo tanto como al individuo. Esta conclusión puede no ser la original del interconductismo pero ese sistema hace que el principio sea particularmente claro y proteja contra la práctica común de enfatizar un lado u otro de la interacción más que la interacción misma con sus elementos componentes que son eventos observables. Este principio ayudaría mucho a que la psicología fuera más fructífera con todas las cuestiones que enfrenta tanto teóricas como en la práctica.

References

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[1] Este término se emplea aquí como parte del ideario anarquista y se usa para nominar a cualquier persona que defiende la libertad absoluta. (Nota del Equipo Traductor)


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