Conocimiento de sí mismo como interconducta

TitleConocimiento de sí mismo como interconducta
Publication TypeAcademic Article
AuthorsHayes, LJ, Fryling, MJ
Full Text

El conocimiento de sí mismo[1] aunque es un tópico subestimado en el análisis de la conducta, es importante. Desde nuestra perspectiva el conocimiento de sí mismo está relacionado a un aspecto crítico del análisis de la conducta, especialmente el del conductismo radical, esto es, el análisis de los nominados “eventos privados”. Los autores hemos estado considerando, durante varios años, el análisis de los eventos privados (e.g., Parrott, 1983c, 1986; Hayes & Fryling, 2009a) y hemos optado por una postura no convencional respecto a la inclusión de los eventos privados como parte de una clase más general de los eventos considerados por el análisis de la conducta. En tanto que esta postura teórica permanece como no convencional y menos entendida que muchas alternativas, en la siguiente parte referimos brevemente los elementos fundamentales de nuestro enfoque. Después de esta descripción, analizamos el concepto de conocimiento y el de conocimiento de sí mismo desde nuestra postura interconductual, no convencional.

Los eventos privados

Consideramos que la admisión de los eventos privados en el análisis de la conducta es un resultado de las deficiencias filosóficas en el sistema del conductismo radical. Nuestra concepción interconductual requiere que articulemos específicamente nuestros supuestos filosóficos, incluyendo las definiciones del objeto de estudio y, como consecuencia de esto, evitar numerosas inconsistencias e inadecuaciones (véase: “sistema de construcción” en Kantor, 1958; ver también: Clayton, Hayes, & Swain, 2005). Específicamente, Kantor conceptúa las ciencias disciplinarias como sistemas científicos y los evalúa de acuerdo a su validez (consistencia interna), significancia (consistencia externa o coherencia al interior de un más amplio campo de las ciencias) y comprehensión (el grado en que tales sistemas engloban el rango de eventos que se considera, están bajo la competencia del objeto de estudio). Debido a que el objetivo de este trabajo es muy concreto, evitamos repetir detalles de nuestro análisis y delimitamos los aspectos fundamentales en los siguientes párrafos.

En primer lugar, de acuerdo a nuestro punto de vista, las ciencias disciplinarias son exitosas y contribuyen al cuerpo del conocimiento de las ciencias, gracias a su identificación de un único objeto de estudio. Por ejemplo, el grado en el que la ciencia psicológica contribuye al cuerpo de conocimientos de las ciencias depende, parcialmente, de la identificación del objeto de estudio psicológico que es distinto al de las otras ciencias, por ejemplo de la biología y la sociología. De manera importante, esto no equivale a decir que el mundo está compuesto por los objetos de estudio o que el objeto de estudio independiente, existe en la naturaleza. Más bien, nuestra postura interconductual asume que el mundo está compuesto de un todo, una matriz general de sucesos naturales. Nuestros esfuerzos por entender este todo, necesariamente incluye los aspectos que lo construyen y estos constructos son los objetos de estudio disciplinarios. Lo que entonces se aprende acerca de un objeto de estudio, pertenece sólo a dicho objeto. En la medida en que la ciencia progresa, se entiende mejor el mundo y los esfuerzos disciplinarios se vuelven más probables. Aun así, un estudio interdisciplinario no implica una mezcla de los objetos de estudio en uno solo o el sobrelapamiento de las condiciones limítrofes disciplinarias. Por ejemplo, en ningún punto de la psicología debe ser reducida a la biología ni amalgamada al objeto de estudio de la sociología. Mejor dicho, la ciencia interdisciplinaria incluye la investigación de las relaciones entre los objetos de estudio participantes (ver: Hayes & Fryling, 2009b).

En relación a lo anterior, en un trabajo reciente sobre este tema, hemos argumentado que el problema de la privacía en el análisis de la conducta es un “pseudoproblema” que resulta de la problemática distinción de los eventos psicológicos, basada en la consideración del lado de la piel en que ocurren  (Hayes & Fryling, 2009a). Esta dicotomía entre los eventos que ocurren fuera y dentro de la piel, han sido expuestos ampliamente por Skinner en sus escritos seminales respecto a los eventos privados (Skinner, 1953, 1957, 1974). Desde nuestro punto de vista, sugerir que los eventos psicológicos de cualquier tipo ocurren dentro de la piel del organismo que se comporta, es indicativo de la falta de claridad de cómo los eventos se incluyen en un único objeto de estudio de nuestra ciencia particular, esto es, las interacciones por parte del organismo como un todo con la estimulación de los objetos y eventos como parte del ambiente.

En otras palabras, si un evento psicológico ocurre dentro del organismo, como lo sugirió Skinner, debe ser un evento que posiblemente podría ocurrir en ese sitio. Sin embargo, los eventos que ahí ocurren necesariamente incluyen interacciones entre los órganos y otros componentes biológicos del organismo y, de esta forma, la sugerencia de la participación de los eventos psicológicos en esta ubicación asume un tipo de interacciones  del organismo como un todo. En términos más sencillos, para que cualquier cosa “dentro de la piel” sea considerada en la ciencia de la psicología, los eventos psicológicos deberían considerarse como fenómenos totalmente organísmicos (wholly organismic)[2]. Sin embargo, los actos del organismo total no son por sí mismos eventos psicológicos. Los eventos psicológicos no son fenómenos totalmente organísmicos, son relaciones en las cuales la respuesta del organismo como un todo es una parte analítica. Lo que no puede dejarse de lado en esta relación es la acción estimulante del ambiente. Considerando ambos, un evento psicológico es una relación entre la respuesta del organismo como un todo y la estimulación de un evento o cosa del ambiente.

Además de lo anterior, la respuesta del organismo como un todo no es meramente la suma de los acontecimientos biológicos involucrados en una particular respuesta. La conceptuación de la respuesta del organismo como un todo sirve para distinguir los eventos psicológicos de los biológicos. De hecho, esta construcción es valiosa para la disciplina de la psicología puesto que sirve para prevenir la reducción de los eventos psicológicos en eventos biológicos.  Considerando nuestros primeros comentarios, la identificación de un único objeto de estudio, incluye eliminar la confusión como es su reductibilidad a otros objetos de estudio. Es decir, los eventos dentro de la piel no son únicamente psicológicos sino, más bien, son de naturaleza biológica. Kantor ha comentado la tendencia de los psicólogos a reducir los eventos psicológicos a eventos biológicos.

Como lo establece Kantor:

Los eventos psicológicos involucran la participación del organismo total, no sólo la de órganos o tejidos especiales. En contraste con la suposición clásica de que los eventos psicológicos (psíquicos) son procesos correlacionados con órganos particulares (localización de la función), la psicología interconductual asume que las actividades del organismo total siempre están involucradas en tales eventos. Específicamente, esto significa que ningún órgano es primario o controla cualquier otro órgano. La psicología interconductual no atribuye mayor importancia a una estructura que a cualquier otra sea el órgano o sistema cerebral o glandular (1958, p. 79).

Skinner también ha reconocido y prevenido contra el señuelo de la biología como una explicación de los eventos psicológicos, como nos lo recuerda la siguiente cita:

Cuando la ciencia de la conducta pudo liberarse de las ficciones psíquicas enfrentó estas alternativas: por un lado, podría dejar sus lugares vacíos y proceder a tratarlos directamente con sus datos o podría hacer los reemplazos. Todo el peso del hábito y la tradición se inclina hacia el reemplazo. La otra alternativa a la ciencia mental, también muy obvia, era la neurociencia y ésa fue la elección hecha por la psicología no mentalista. La posibilidad de una ciencia directamente descriptiva y sus ventajas peculiares ha recibido poca atención (1938, p. 5).

Desafortunadamente esta comprensión no previno a Skinner de que posteriormente promoviera la noción de que el entendimiento de los eventos psicológicos, incluyendo la identificación de los eventos de clase privada, eventualmente quedaría en manos del futuro fisiólogo (Skinner, 1974, pp. 236-237). Unos cuarenta años más tarde y por una buena razón, aún estamos esperando esta “eventualidad”. Más claramente, Skinner también recurrió a abandonar, en su propio derecho, una auténtica ciencia de la conducta y en su lugar postuló que otra ciencia, la fisiología, eventualmente nos diría todo lo que está ocurriendo durante el cambio conductual. En otras palabras, los analistas de la conducta han recurrido a reducir los eventos psicológicos a eventos biológicos en sus conceptualizaciones de los llamados eventos privados. Como dice el dicho: “un día los eventos privados serán hechos públicos”. Por supuesto, cuando, y si tales eventos sean hechos públicos, estaremos obligados a preguntar qué son esos eventos. Por un lado, no serán más eventos privados, representando una discusión sin sentido de dichos eventos. Por otro lado, los eventos privados serán biológicos significando que será mejor conceptuarlos como objetos de estudio de otra ciencia. En ambos casos, la consideración de tales “eventos privados” como eventos privados, no tiene valor alguno para la ciencia de la conducta. En resumen, la identificación de un único objeto de estudio es central para el progreso disciplinario y la ausencia de una adecuada definición de dicho objeto, invita al reduccionismo (ver también: Observer, 1969). En nuestra disciplina, el análisis de la conducta ha sido atraído por esta práctica.

Hasta este punto hemos descrito cómo la falta de claridad al considerar el objeto de estudio en el análisis de la conducta ha involucrado al reduccionismo y se basa en el error dicotómico entre la conducta que ocurre dentro y fuera de la piel del organismo. Específicamente, el sistema del conductismo radical ha caído en la práctica de reducir los eventos psicológicos en eventos biológicos, especialmente en la consideración de los eventos que son “privados”. Nuevamente, es probable que el reduccionismo permanezca en tanto la inadecuación del objeto de estudio continúe por parte de los analistas conductuales, tal vez, especialmente en la medida en que la disciplina se desarrolle y considere conducta más compleja. Alternativamente, esas personas dedicadas al análisis de Skinner, serán requeridos para reinterpretar su análisis una y otra vez; se les requerirá que lo cambien.

Un desafortunado resultado de la dicotomía público-privado, propuesta por Skinner, es que ha obstaculizado el progreso para entender esos eventos asumidos como privados. Específicamente, la afirmación de que los eventos privados son ciertamente privados y por tanto no disponibles para su estudio, nos limita aprender cualquier cosa acerca de ellos. Así, esto deja al analista de la conducta a la zaga de otros enfoques del objeto de estudio. Si siempre hay eventos que se dejan inaccesibles para su estudio, el análisis de la conducta siempre será una ciencia incompleta. Decir simplemente que algunos eventos son “privados”, no parece hacerles justicia. En otras palabras, no aprendemos nada de esos eventos, ni los entendemos de una nueva forma cuando se les considera como privados. Sin duda, en la medida en que el análisis de la conducta continúe a la zaga de otras perspectivas psicológicas, independientemente de las deficiencias de éstas, tendrá algo que ver con la poca contribución analítica conductual para entender tópicos como pensamiento, imaginación, recordar, conocer y sentir.

El evento psicológico

Hemos descrito una manera alternativa mediante la cual se pueden conceptuar los llamados eventos “privados” (Hayes & Fryling, 2009a). Nuestra proposición está muy influenciada por la psicología interconductual de J. R. Kantor (1958) y en particular, su construcción del evento psicológico. Primero, lo interconductistas conciben a la estimulación y a la respuesta como una función recíproca, una interacción y frecuentemente usan flechas de doble cabeza para representar este evento (fe ßà fr). Esto es, la estimulación no puede ocurrir en ausencia de la respuesta y ésta no puede ocurrir en ausencia del estímulo. Esto contrasta con la secuencia lineal y común, favorecida por muchos analistas de la conducta, en cuya versión el estímulo discriminativo establece la ocasión para la respuesta y la respuesta es entonces seleccionada (o no) por los cambios en el ambiente. Aún mas, la estimulación, como una función psicológica, se distingue de los objetos de estímulo y la de respuesta como función psicológica del organismo se diferencia del organismo respondiente (i.e., el locus de la respuesta). Así, un objeto de estímulo (e.g., una fotografía) generalmente no es del interés del psicólogo interconductista, más bien son enfatizadas las funciones de estímulo de la fotografía.

La distinción entre los objetos de estímulo y la función de estímulo así como la respuesta y las funciones de respuesta, es un aspecto un tanto distinto de la psicología interconductual, especialmente cuando se compara con el conductismo radical de Skinner (Parrott, 1983b). Kantor (1921, 1924) sugiere que los objetos de estímulo podrían desarrollar las funciones de estímulo de otros objetos, aun cuando tales objetos estén actualmente ausentes del ambiente físico, gracias a una respuesta individual con respecto a las relaciones históricas espacio-temporales entre esos objetos. En otras palabras, los factores que ocurren juntos en espacio y tiempo pueden desarrollar las funciones de otro más, suponiendo que el individuo responde con respecto a esta relación. Cuando un estímulo desarrolla las propiedades de estímulo de un estímulo ausente, Kantor sugiere que el estímulo presente está sustituyendo al estímulo ausente y usa el término de sustitución de estímulo para describir esta ocurrencia (1924, pp. 50-51). Así, una persona particular, como un objeto de estímulo, podría sustituir un rango de experiencias (e.g., una persona podría desarrollar las funciones de exposiciones aversivas que ha tenido con otra persona) y estas funciones podrían también desarrollarse, en virtud de la similitud física (e.g., una persona que mira de manera similar a la persona con quien fueron asociadas las experiencias aversivas, podría también sustituir las experiencias aversivas). Estos procesos son similares tanto al condicionamiento clásico pavloviano como a la generalización de estímulo.

Kantor también establece  la interacción sustitucional por parte de la respuesta y lo hace con el término de respuesta implícita (Kantor, 1926). Generalmente, responder de manera implícita involucra respuestas con respecto a estimulación sustitutiva. Por ejemplo, al visitar el antiguo lugar de residencia, podemos ver viejos amigos, a pesar de su ausencia física. En este ejemplo, los estímulos de la antigua residencia sustituyen a los individuos que estuvieron presentes en el escenario. De ser así, la antigua residencia, hablando psicológicamente, es esos individuos. Cuando nosotros vemos esos individuos esta respuesta es de naturaleza implícita. También podemos escuchar y sentir en ausencia de los objetos de estímulo mediante la sustitución. Ciertamente, gran parte de nuestra conducta es de tipo implícito por lo que respondemos a una plétora de factores físicos ausentes en virtud de su historia relacional y subsecuente presencia sustitucional en el ambiente actual (ver también: Hayes, 1992).

Comprender plenamente la sustitución del estimulo y de la respuesta tiene amplias implicaciones para el análisis de la conducta. Sin embargo, el estímulo y la respuesta ocurren en un complejo campo interconductual. En la psicología interconductual el Evento Psicológico está representado mediante la siguiente fórmula (Kantor, 1958): EP= C(k, fe, fr, fs, hi, mc). EP representa el evento psicológico, C el hecho de que el evento es un todo, un evento, k es la unicidad de cada uno de los eventos de campo, fe la función de estímulo, fr la función de respuesta, fs factores situacionales (setting factors), hi historia interconductual y mc medio de contacto. En otras palabras, las funciones de estímulo y respuesta participan en campos multifactoriales. Como tal, los factores históricos (hi), situacionales (fs) y los demás, participan en las funciones del estímulo y la respuesta. Por ejemplo, las amplias historias relacionales con un estímulo particular y en situaciones específicas podrían participar en la sustitución específica de un estímulo y en la respuesta implícita. Aún más, dada una elaborada, íntima o ambas historias interconductuales respecto a un individuo (e. g., en circunstancias variadas, escuchar a otros hablar acerca de diferentes eventos y situaciones), podríamos ver lo que ellos están pensando y sintiendo (ver: Hayes y Fryling, 2009a). En efecto, los eventos que en el análisis de la conducta, típicamente se han considerado “privados”, en principio, pueden concebirse como totalmente observables gracias a la sustitución de estímulo.

De esta forma, con respecto a los eventos considerados típicamente como “privados”, hemos sugerido que los eventos de esta clase, si bien son de naturaleza sutil, son respuestas del organismo completo respecto a la estimulación del ambiente que ocurren como eventos psicológicos, en los mismos campos de interacción que los de todas las otras variedades. La sutileza de estos eventos es producto de dos factores: una historia individual de responder con respecto a las relaciones y las funciones de sustitución de estímulo involucradas en tales historias. Además hemos sugerido que en tanto tales eventos podrían ser difíciles de observar en la práctica, de hecho, son totalmente observables en principio, dada la necesaria observación de la historia. Si fuese adoptada la perspectiva interconductual, sería eliminada la aparente necesidad de hablar respecto a los eventos privados en tanto que todos los eventos serían conceptuados como públicos.

Con base en nuestra experiencia, nuestra posición puede ser difícil de entender para algunas audiencias en tanto que es no convencional y que todas las influencias del reduccionismo y del dualismo son totalmente removidas. No existe nada psicológico que en principio, no pueda observarse. Es más, no hay nada psicológico que requiera de la descripción biológica. Más bien, todos los eventos psicológicos son disponibles y pueden explicarse en el nivel de lo psicológico. Las implicaciones de nuestra perspectiva impacta la forma en que los analistas de la conducta se dedican a un amplio rango de conducta compleja, en particular. Un área que podría reconsiderarse a la luz de nuestra posición interconductual es el conocimiento, incluyendo el conocimiento de sí mismo. En las siguientes secciones describimos un tratamiento interconductual del ambos eventos, contrastándolos con el enfoque skinneriano más tradicional.

Conocer

Se asume comúnmente que el propio conocimiento acerca del mundo determina la manera en que no actúa en el mundo. Dado esto, es razonable asumir que la comprensión del conocimiento tiene diversos posibles beneficios prácticos. Desde la perspectiva de Skinner (1969, p. 186), la comprensión del conocimiento podría ayudarnos a desarrollar vías más efectivas para desarrollar el conocimiento y nuestros esfuerzos para desarrollar el conocimiento a su vez, podrían fortalecer nuestro entendimiento de lo que es el conocimiento. En otras palabras, si se asume que el conocimiento causa el comportamiento, entonces entender cómo se desarrolla el conocimiento parece ser un objetivo práctico importante.

Aunque históricamente el interés en la naturaleza del conocimiento no se ha centrado en consideraciones prácticas, En realidad, el concepto de conocimiento frecuentemente se emplea para explicar la conducta que parece ser muy compleja o muy bien elaborada como para ser resultado de la estimulación presente. El concepto de conocimiento ha sido un medio por el cual la conducta actual puede atribuirse a las variables históricas. Por otra parte, en tanto que las variables pueden no tener el control de influenciar en una situación en la que no están presentes, como es el caso de las variables históricas –por definición-, el problema del conocimiento ha sido el encontrar una forma de conceptuar el pasado de un organismo como un aspecto de la situación ante la que está (Parrott, 1983a). De manera más clara, el conocimiento ha permanecido como un problema teórico para los psicólogos en tanto que no es claro cómo el pasado puede concebirse como un aspecto de la circunstancia presente. El tópico del conocimiento se ha buscado de formas variadas, algunas más meritorias que otras.

Una aproximación al problema del control histórico sobre la conducta actual implica convertir a la historia de las interacciones del organismo con el ambiente presente como algo que el organismo posee. Esto es, el conocimiento es concebido como una presumible masiva colección de copias de las experiencias de un organismo. Skinner (1974, pp. 89-90; 1978) ha tenido mucho que decir al respecto. En general criticó la idea de que nosotros en realidad no respondemos al mundo sino a copias internas del mundo, sobre la base de que tales copias son totalmente inventadas y nos llevan a ningún lugar más allá de lo que el análisis de la conducta ha logrado.

En contraste, Skinner (1953, p. 409; 1974, p. 138, 142; 1978, p. 105) resuelve el problema al hacer del pasado un aspecto del presente al sugerir que el conocimiento se posee como un repertorio conductual. En forma importante, el concepto de repertorio no implica el almacenaje de algo. Skinner usa el término de repertorio, más bien, para describir los cambios en un organismo,  presumiblemente de naturaleza biológica, provocados por su historia ante particulares contingencias de reforzamiento. Skinner (1968, p. 204) explica:

El análisis experimental de la conducta no necesita del concepto de memoria en el sentido de un almacén en el que los registros de las variables se mantienen y más tarde se recuperan para su uso. Un organismo es cambiado cuando es expuesto a las contingencias de reforzamiento y continúa como un organismo cambiado.

Así, Skinner resuelve el problema del conocimiento  al sugerir que el pasado es hecho presente en el organismo cambiado y por tanto, el conocimiento es todo lo que el organismo es capaz de hacer. Skinner (1974, p. 363) establece: “la conducta potencial es lo que se ha llamado conocimiento”. Presumiblemente esta “conducta potencial” llega a ser un comportamiento real cuando el “organismo cambiado” encuentra situaciones como aquellas que causaron el cambio en el repertorio, en primer lugar, el cambio del organismo.

Otros aspectos del análisis de Skinner, respecto a conocer y conocimiento, -incluyendo sus distinciones entre el conocimiento como acción y conocimiento de acción inmediata, el moldeamiento por contingencias y la conducta gobernada por reglas, entre otros aspectos (Skinner, 1953, 1969, 1974)-, son mucho más extensos por lo que no es posible reportarlos en este trabajo. Empero, es el medio por el cual las pasadas interacciones del organismo con su medio, se llevan al presente efectivo que es de interés. Nuevamente, la estrategia de Skinner es sugerir que el organismo ha cambiado, biológicamente por las contingencias de reforzamiento y que estos cambios entonces son los que determinan el subsiguiente cambio conductual. Por supuesto, un problema del análisis de Skinner es que los cambios biológicos son hipotéticos. De hecho, estamos tan lejos de encontrar respaldo para los “cambios en el organismo” de Skinner como para los del “almacén en el cerebro” si fuéramos mentalistas (Hayes & Fryling, 2009a; Parrott, 1983a). Además, si pudiéramos observar tales cambios biológicos en el organismo mediante los avances tecnológicos, el problema del conocimiento aún estaría sin resolverse. Específicamente, tales cambios en la biología del organismo incluyen el objeto de estudio propio de la biología y no de la psicología. En otros términos, en el tema del conocimiento nos hemos quedado sin un análisis de la conducta. Nuevamente, dado nuestro compromiso de proporcionar un análisis psicológico del tópico que no implique el dualismo o el reduccionismo, la solución de Skinner al problema, después de todo, no resuelve mucho.

Nuestro fin de hacer estas reclamaciones no es hacer una crítica a Skinner per se, sino para entender de mejor manera lo que significa conocer y cómo lo vemos, ninguna investigación respecto a los hipotéticos eventos organísmicos, sean copias o cambios en el organismo, será de beneficio al respecto. Por otra parte, aun si los cambios fueran encontrados, los mismos pertenecerían a los cambios biológicos más que a cambios psicológicos. La única forma de entender los eventos psicológicos, incluyendo el conocer, es centrando nuestra atención en los eventos psicológicos en sí mismos. De esta forma, pasamos al análisis de conocer, como un evento psicológico.

Conocer como evento psicológico

Desde la perspectiva interconductual de Kantor (1958), un evento psicológico es la respuesta de un organismo con respecto a la estimulación de un evento ambiental que ocurre en un marco[3] de muchos otros factores. De manera más específica, desde la perspectiva de la psicología interconductual, cada evento psicológico consiste de las funciones de estímulo y respuesta, factores situacionales, historia interconductual y medios de contacto, y todos estos factores son interdependientes. Esto es, se piensa que ninguno de estos factores es más o menos importante o causal que los otros. Más bien, todos los factores mencionados tienen roles participativos en el evento psicológico por lo cual, la alteración de un factor resulta en la alteración de todo el evento psicológico. Así, conocer también es una especie de responder respecto a la estimulación de acuerdo al marco en que ocurre.

Para detallar, no todas las respuestas con respecto a la estimulación son lo mismo. Responder puede ocurrir en relación a la estimulación que surge de las propiedades naturales de los objetos de estímulo por lo cual sus propiedades formales son condicionales a las propiedades formales de tales objetos. Por ejemplo, una taza no puede ser levantada tocándola con un dedo, debe ser asida de la forma en que las propiedades físicas de la taza lo requieran, lo cual es determinado por las propiedades físicas de los objetos de estímulo. Responder también puede ocurrir respecto a las propiedades atribuidas a los objetos de estímulo por lo que las propiedades del estímulo no son condicionales a las propiedades formales del objeto de estímulo sino, más bien, se adquieren bajo los auspicios de un grupo particular. Por ejemplo, responder a una taza diciendo “cup” o en español “taza”, no tiene relación con las propiedades formales de la taza. Mejor dicho, responder de esta manera es cultural y, en mayor parte, verbal (Hayes & Fryling, 2009b; Kantor, 1982). En otras palabras, las funciones culturales de estímulo son arbitrarias y como tales, implican a la conducta verbal. Finalmente, responder puede ocurrir con respecto a la estimulación adquirida por objetos de estímulo gracias a sus propiedades estimulativas que han ocurrido en relación próxima a la estimulación derivada de otros objetos en la historia del organismo. Este tipo de suceso se ejemplifica cuando el perro saliva ante la campana en el paradigma clásico de Pavlov, pero de ninguna forma está limitado a los arreglos de estímulo de este tipo. Como hemos descrito antes, todos los actos de recordar, pensar, imaginar y conocer ejemplifican las operaciones de la estimulación sustitutiva y las condiciones de asociación bajo las cuales la sustitución surge muy ampliamente (ver: Kantor, 1924). Cómo un organismo responde a la estimulación es, en otras palabras, un acontecimiento muy complicado.

Estas complicaciones se relacionan a la historia y al escenario. Como un caso de la historia, dado un objeto de estímulo se convierte en una fuente de múltiples, originales y sustitutivas funciones de estímulo, es decir, puede ocurrir una multitud de respuestas con respecto a los mismos o similares objetos. Igualmente, una respuesta similar puede ocurrir con respecto a la estimulación proveniente de múltiples o diferentes objetos fuente. Y, en tanto que constantemente estamos respondiendo con respecto a la estimulación, estas relaciones se multiplican continuamente a lo largo de nuestra vida. De manera más sencilla, la estimulación se vuelve más y más compleja en tanto que nuestra historia llega a ser más y más elaborada.

Con esta base, la cuestión es: ¿Cómo es que respondemos de la manera en que lo hacemos en una situación dada? Es tentador decir que lo que ocurre en una situación dada, es posible como resultado de la historia de uno mismo, de todos modos descrita vagamente, pero es determinada por el escenario. En otras palabras, habiendo negado el estatus causal del estímulo debido a haber descrito el evento psicológico como una interacción de la respuesta con respecto a la estimulación, el escenario emerge como un posible candidato de la eficacia causal. Ciertamente es atrayente decir que el escenario selecciona la interacción de la respuesta y el estímulo que ocurre, entre las opciones que una historia sugeriría que son posibles. Sin embargo, el escenario no es independiente del evento del que se dice es responsable causal. Por el contrario, el escenario es un aspecto integral de cada evento. Difícilmente podría decirse que es responsable de un evento del cual también es una parte, con todo, el escenario no puede ignorarse. Un objeto de estímulo es residente de múltiples funciones de estímulo, algunas de ellas originales en el sentido de que se derivan de las propiedades naturales o condiciones del objeto de estímulo, otras son culturales dado que son arbitrariamente atribuidas mediante procesos verbales y otras son sustitutivas en tanto están presentes gracias al contacto proximal-pasado con otros objetos. Cómo respondemos a una dada circunstancia, corresponde al escenario y éste es un participante de cada evento psicológico.

Ahora nos ocuparemos del conocimiento como un tipo específico de responder respecto a la estimulación. ¿Qué significa conocer algo? En este aspecto, Skinner (1974) distingue entre conocer cómo (knowing how) y conocer acerca de (knowing about). Uno conoce[4] cómo andar en bicicleta si, ante la bicicleta, uno puede ajustar una acción específica al respecto. Desde esta perspectiva, conocer simplemente es hacer, la eficacia del hacer es asunto de la historia de contacto con la cosa en cuestión. En contraste, conocer acerca de algo implica múltiples formas de conducta respecto a esta cosa. En palabras de Skinner (1974, p. 138): “Conocemos acerca de la electricidad si podemos operar de manera exitosa con las cosas eléctricas, sea verbalmente o de otra forma”. Dado que conocer cómo manejar una bicicleta presumiblemente implica múltiples formas de conducta con respecto a las bicicletas, no encontramos que esta diferencia sea particularmente útil. Y, como resultó, tampoco lo fue para Skinner. Finalmente, para Skinner conocer es parecido a estar pendiente o a la conciencia: Conocer algo es ser capaz de hablar acerca de algo.

Kantor (1924, p. 396) llegó aproximadamente a la misma conclusión respecto al conocimiento. Desde su perspectiva, conocer algo es ocuparse en una actividad implícita y orientacional con respecto a algo y los actos orientacionales son realizados primariamente mediante la conducta verbal. Específicamente, el individuo está en posibilidad de conocer un objeto de estímulo cuando otros hablan de este objeto y cuando platican respecto a un objeto de estímulo particular, se establece una relación entre el objeto y la respuesta del cognoscente (p. 397). En tanto que todos los eventos psicológicos implican relaciones entre la respuesta del organismo y el ambiente estimulante, lo que hace únicas a las interacciones “de conocimiento” es su involucración de la conducta verbal. Para Kantor, el conocimiento como orientación involucra la relación entre la respuesta del organismo, conocedor, y el objeto de estímulo, la cosa conocida.

En este punto se requieren dos aclaraciones adicionales respecto a conocer, definido como actividad orientacional. La primera es que la alusión de “implícito” en esta definición implica que la actividad orientacional ocurre respecto a la estimulación sustitutiva, como ya se discutió. Esto es especialmente importante cuando se involucran aspectos temporales como cuando uno habla acerca del pasado y del futuro. Esto es, el pasado y el futuro sólo existen mediante procesos sustitucionales. Específicamente, el pasado es hecho presente en virtud de relaciones espacio-temporales entre varios factores con el resultado de que el ambiente presente sustituye al pasado (i.e., el pasado es presente; Hayes, 1992). De todos modos, el futuro es hecho presente gracias a la conducta verbal acerca del futuro que en realidad es la conducta verbal acerca del presente. En segundo término, la actividad orientacional constituye una acción de efecto inmediato en el objeto, respecto al que uno se orienta. Kantor & Smith (1975, p. 212) lo explican de la forma siguiente:

Erróneamente la concepción popular ha dividido el conocimiento de la acción. Antes de estudiar psicología, nosotros creíamos que la conducta sólo era efectiva, a decir, interacciones en las cuales manipulamos algo, levantamos un objeto, lo rompemos o por otra parte, realizamos algo con un efecto determinado. Esto es un error. Mucha de la conducta humana consta de una acción cuyos resultados no cambian las cosas con las cuales la persona interactúa[5]. Ella simplemente se orienta a ellas.

En contraste, Skinner (1957) tiende a descartar las acciones de esta clase como hipotéticas condiciones intermedias. Desde su postura, conociendo que el teléfono está descompuesto, por ejemplo, no es un caso de la denominada actividad orientacional. Nosotros conocemos que el teléfono está descompuesto cuando no tratamos de usarlo. Desde el punto de vista de Kantor, esto no quiere decir que la actividad orientacional nunca se acompañe de una acción evidente sino que cuando la acción ocurre es en un segmento conductual diferente. Esto es, conocer es un evento psicológico en sí mismo que puede o no corresponder a otra conducta.

Conocimiento de sí mismo

Hechas estas aclaraciones, pasemos a lo que significa conocerse a sí mismo. La forma más sencilla de lo que podríamos llamar “conocerse a sí mismo” es describiendo los aspectos de la estimulación que surge de nuestras actuales interacciones o condiciones corporales como objetos de estímulo. Por ejemplo, podemos describir nuestras acciones en voz alta o por repetición y podemos describir las desfiguraciones de nuestros cuerpos como en el caso de contusiones, raspadura o ruptura de un diente. Lo hacemos tal como lo haríamos con cualquier otro aspecto de nuestro ambiente inmediato. Como Skinner lo ha delineado (1953, 1957, 1974), podemos aprender a describir aspectos de nuestras circunstancias corporales que no son accesibles a observadores externos, pero pobremente.

¿Pero qué decimos acerca del conocimiento de nuestras pasadas o futuras interacciones? Como una forma de decir que los analistas de la conducta no han tratado con estos temas de una manera particularmente útil, una cita del análisis de Skinner (1974, pp. 26-27) respecto a lo que uno responde, cuando se habla de la conducta pasada de uno mismo, ejemplifica nuestras preocupaciones:

Las respuestas a preguntas tales como “¿Qué hiciste ayer?” o “¿A quién viste?” pueden emplear un vocabulario adquirido conjuntamente con la conducta actual. La persona simplemente habla desde un punto de ventaja especial: necesariamente él estuvo ahí.

Esta declaración no es útil. Conocer el pasado de sí mismo no es cuestión de haber estado ahí pues no conocemos el pasado como el pasado sino sólo como un aspecto de la circunstancia actual (Hayes, 1992). En la complejidad de esta circunstancia, que continuamente se incrementa, es en la que encontramos lo que ordinariamente pensamos como pasado y lo que está operando cuando hablamos del pasado. Conocer el propio pasado es actuar respecto a la estimulación sustitutiva que tiene sus fuentes inconmensurables en una enorme cantidad de cosas y eventos con los cuales uno ha interactuado durante la vida incluyendo las propias conductas y condiciones corporales actuales. En términos generales, puede asumirse que a mayor elaboración de la acción estimulada por estímulos actuales y aquellos históricamente asociados con ellos, es mayor el número de “presentes previos” que se han acumulado en esa evolución. Desde esta perspectiva, las memorias no son mejor descritas como “antiguas” o “nuevas” o de corta o larga duración. Más bien, podrían acertadamente descritas como densas (thick) o finas (thin). Las memorias densas son respuestas relativamente elaboradas en relación a la estimulación actual y sugiere una evolución de muchos “presentes previos”. En otras palabras, cuando la historia relacional extensiva se involucra con un estímulo particular, nuestra respuesta a dicho estímulo podría considerarse como “densa”. En forma alterna, las memorias finas son respuestas relativamente simples, estimuladas por esas mismas condiciones, sugiriendo evoluciones de pocos “presentes previos”. Para fines analíticos, podríamos decir que hablar del pasado es “reactivo” en tanto que ocurre sobre la base de funciones de estímulo existentes muchas de las cuales son de carácter sustitutivo. Conocemos acerca de nuestro pasado en el grado en que nos involucramos en respuestas implícitas con respecto a la estimulación sustitutiva. De esta forma, no es sorpresivo que, parte de “conseguir conocimiento de uno mismo” frecuentemente implica ejercicios que involucran discutir eventos pasados, volver a ver fotografías, leer nuestro diario entre otras actividades. Estas estrategias, caracterizadas generalmente como reminiscencias por los interconductistas, podrían fortalecer las funciones sustitutivas de estímulo de forma que ellas se hagan más presentes en el evento de campo actual (ver también: Fryling & Hayes, 2010; Kantor & Smith, 1975).

¿Y respecto al futuro? Presumiblemente, conocerse a sí mismo también implica conocer algo que uno va a hacer o es probable que haga. El análisis de Skinner, respecto a esta circunstancia, es de más ayuda (1974, pp. 27-28). En palabras del mismo:

Otra pregunta difícil es “¿Qué vas a hacer?” La pregunta, por supuesto, no es una descripción de la conducta futura en sí misma. Puede ser el reporte de una firme conducta abierta posible de ser emitida públicamente cuando surja la ocasión… Puede ser una predicción de conducta basada en las condiciones actuales con las cuales la conducta a menudo está asociada… Puede ser un reporte de la alta probabilidad de actuar en cierta forma.

En efecto, en la medida en que el futuro aún no ocurre, nuestra plática acerca del futuro puede tener el carácter sólo de la circunstancia presente. En otras palabras, hablar del futuro es una descripción de lo que sigue a continuación. Pero, a diferencia de hablar del pasado, hablar del futuro es “constructivo” al igual que “reactivo”. Con esto queremos sugerir que, además de su ocurrencia sobre la base de las existentes y primarias funciones de estímulo sustitutivas, hablar del futuro parece también ser un proceso por el cual se establecen funciones adicionales. Como hemos mencionado, los futuros son completamente construidos de aquí que su naturaleza sea verbal. Relacionado a esto, hay una importante distinción que hacer entre el pasado y el futuro. El pasado en tanto que no existe más, existió en algún momento. El pasado ahora es presente que opera mediante la estimulación sustitutiva. Por el contrario, nunca hubo futuro y por tanto sólo es realizable como una construcción verbal, una idea. Esta es la razón de por qué los animales responden al presente/pasado como ocurre cuando el perro se excita cuando su dueño levanta un juguete o habla con cierto tono de voz pero no responde y mucho menos piensa en el futuro. Por ejemplo, es improbable que los animales se pregunten respecto al futuro pues, nuevamente, este concepto es de naturaleza totalmente verbal. A pesar de esta distinción analítica, en el análisis final, hablar del futuro no es acerca del futuro, al igual que hablar del pasado, realmente no se está hablando acerca del pasado. Lo único que estamos haciendo cuando hablamos del futuro es hacer descripciones de la presente circunstancia, más y más elaboradas. De aquí que realmente nunca “predecimos” las configuraciones del evento que está presente. Por tanto, las probabilidades que asignamos a futuros eventos no son propiedades de esos eventos sino más bien de nuestras creencias actuales (conducta verbal) respecto a esos eventos. De igual forma, las metas que nos ponemos a nosotros mismos son descripciones de las “metas” que realmente ya hemos logrado, metas que son completamente verbales. Así, el grado en que conocemos lo que haremos en el futuro incluye respuestas elaboradas al evento de campo actual. Podemos responder únicamente al evento psicológico presente y cuando respondemos al “futuro-presente”, estamos respondiendo a un evento psicológico ante todo verbal.

Resumiendo, cuando consideramos el problema del “conocimiento de sí mismo” es mejor no enfocarnos demasiado en la parte de “sí mismo” del problema. No hay nada particularmente interesante o inusual acerca de sí mismo como objeto de estímulo. Uno se conoce a sí mismo como se conoce cualquier otra cosa. El problema es que conocer equivale a “de lo que consiste”. Hemos sugerido que conocer constituye el establecimiento de una relación entre el comportamiento del individuo y las características del ambiente, distinguido por la participación de la conducta verbal. Conocer es responder verbalmente y la estimulación respecto a la cual tal respuesta ocurre es en gran parte sustitutiva. Siempre es sustitutiva cuando lo que uno conoce acerca de la cosa son sus condiciones pasadas o futuras. Finalmente el proceso por el cual surgen las funciones sustitutivas de los estímulos, ocurre continuamente y a mayor número de tales funciones inherentes en un objeto de estímulo dado, más se conoce acerca de éste.

En conclusión, hemos tratado de describir una alternativa interconductista al análisis de la conducta ante el tópico del conocimiento y del conocimiento de sí mismo. La posición interconductual es única en tanto que elimina todas las formas de dualismo y reduccionismo y por tanto provee un análisis psicológico totalmente naturalista. Esta coherencia es facilitada por el sistema de construcción del enfoque descrito por los interconductistas en el que la validez, significancia y exhaustividad son la base por medio de la cual todo trabajo es evaluado. Los científicos conductuales interesados en un enfoque naturalista y comprehensivo para la ciencia de la conducta podrían encontrar la postura interconductual como una alternativa atractiva.


Referencias

Clayton, M. C., Hayes, L. J., and Swain, M. A. (2005). The nature and value of scientific system building: The case of interbehaviorism. The Psychological Record, 55, 335-359. 

Fryling, M. J., and Hayes, L. J. (2010). An interbehavioral analysis of memory. European Journal of Behavior Analysis, 11, 53-68.

Hayes, L. J. (1992). The psychological present. The Behavior Analyst, 15, 139-146.  Hayes, L. J., and Fryling, M. J. (2009a). Overcoming the pseudo-problem of private events in the analysis of behavior. Behavior and Philosophy, 37, 39-57.

Hayes, L. J., and Fryling, M. J. (2009b). Toward an interdisciplinary science of culture. The Psychological Record, 59, 679-700.

Kantor, J. R. (1921). Association as a fundamental process of objective psychology. The Psychological Review, 28, 385-424.

Kantor, J. R. (1924, 1926). Principles of psychology (Vols. I and II) Chicago, IL: Principia Press.

Kantor, J. R. (1958). Interbehavioral psychology. Chicago, IL: Principia Press.

Kantor, J. R. (1982). Cultural psychology. Chicago, IL: Principia Press.

Kantor, J. R., and Smith, N. W. (1975). The science of psychology: An interbehavioral survey. Chicago, IL: Principia Press.

Observer (1969). On the reduction of psychology to physics. The Psychological Record, 19, 515-518.

Parrott, L. J. (1983a). Perspectives on knowing and knowledge. The Psychological Record, 33, 171-184.

Parrott, L. J. (1983b). Similarities and differences between Skinner’s Radical Behaviorism and Kantor’s Interbehaviorism. Mexican Journal of Behavior Analysis, 9, 95-115.

Parrott, L. J. (1983c). Systemic foundations for the concept of ‘private events’: A critique. In N. W. Smith, P. T. Mountjoy, and D. H. Ruben (Eds.), Reassesment in psychology: The interbehavioral alternative (pp. 251-268). Washington, D.C.: The University Press.

Parrott, L. J. (1986). On the role of postulation in the analysis of inapparent events. In H. W. Reese and L. J. Hayes (Eds.), Behavior Science: Philosophical, methodological, and empirical advances (pp. 35-60). Hillsdale, NJ: L. Erlbaum Associates.

Skinner, B. F. (1938). The behavior of organisms: An experimental analysis. Oxford, England: Appleton-Century-Crofts.

Skinner, B. F. (1953). Science and human behavior. New York, NY: The Free Press.

Skinner, B. F. (1957). Verbal behavior. New York, NY: Appleton-Century-Crofts.

Skinner, B. F. (1968). The technology of teaching. New York: NY: Appleton-Century-Crofts.

Skinner, B. F. (1969). Contingencies of reinforcement. New York, NY: Appleton-Century-Crofts.

Skinner, B. F. (1974). About behaviorism. New York, NY: Knopf.

Skinner, B. F. (1978). Why I am not a cognitive psychologist. In B. F. Skinner (Ed.), Reflections on behaviorism and society (pp. 97-112). Englewood Cliff, NJ: Prentice-Hall.

 


[1] La palabra griega auto (αὐτός) significa mismo. El prefijo auto, en inglés, tiene un solo significado: identidad, carácter o cualidades esenciales de una persona o cosa (Webster Dictionary). Por tanto, dejando de lado las definiciones dualistas que se han hecho en ese idioma, Self-knowledge siempre se refiere al conocimiento de uno mismo, de sí mismo. Pero en español tiene dos usos: propio = mismo o por uno mismo. Así el autoconocimiento puede incluir el conocimiento propio (de sí mismo) o el conocimiento generado por uno mismo y son dos actividades diferentes. El caso abordado por Hayes y Fryling se refiere específicamente sólo al conocimiento de sí mismo [Nota del Traductor]

[2] Las expresiones en inglés: a) “the response of the whole organism”, b) “acts of whole organisms are not, by themselves, psychological events”, y c) “wholly organismic phenomena”, requieren una explicación dado que en español puede parecer que se trata sólo de un juego de palabras y no lo es. Cuando una persona toca el piano, de acuerdo a Kantor, la interacción ocurre entre el músico y el piano. Pero esto no quiere decir que la respuesta del pianista se refiera exclusivamente a lo que hacen sus manos sino que es el pianista (el organismo como un todo) el que toca el piano. A esto se refiere la primer expresión a. Mientras el pianista ejecuta una pieza, puede estar digiriendo los alimentos que consumió antes de tocar el piano además de que mientras toca el piano sigue respirando, entre muchas otras actividades que son de tipo biológico. Por ello en la expresión b, Hayes y Fryling afirman que la actividad total de los organismos no es en sí misma un evento psicológico, la actividad total puede incluir eventos psicológicos pero no por ello, todo lo que haga el organismo es psicológico. En caso contrario, se cometería el error de reducir a lo biológico aquello que es propiamente psicológico y conduciría a considerar que los eventos psicológicos son un fenómeno totalmente organísmico, que es precisamente a lo que se refiere la expresión c. [Nota del traductor]

[3] El término setting es traducido en este trabajo como sinónimo de situacional, escenario o como marco y en español también se ha usado como “contexto” pero en inglés no tiene ese significado directo [Nota del traductor].

[4] En términos coloquiales, en español conocer y saber son sinónimos pero la diferencia es importante (ver: Ryle, 1949). En esta traducción “know” siempre se tradujo como “conocer” [Nota del traductor].

[5] De manera interesante este concepto es similar a las operaciones mentales que Piaget postuló pero basado en un marco teórico que es filosóficamente incompatible con el de Kantor [Nota del traductor].

Journal keywords: 
Undefined

Comments

  • by
  • Mar 24, 2013

En lo personal creo que es un articulo muy interesante, me gusto, y estoy interesado en seguir con gusto su revista, felicitaciones y espero sea el volumen 1 de muchoss mas..

gracias por compartir sus conocimientos y dejarnos aprender de ustedes.

Julio Varela's picture

Marco Antonio: Coincido contigo en que el artículo de Hayes y Fryling es muy interesante ya que ofrece una perspectiva de análisis crítico y respetuoso, que es el matiz propio de las discusiones académicas. Si lees el artículo de Josep Roca y luego el de Jack Marr (ambos aparecen en este primer número de Conductual), podrás armar un buen rompecabezas conceptual.

Julio Varela

Pages

Add new comment

Plain text

  • No HTML tags allowed.
  • Web page addresses and e-mail addresses turn into links automatically.
  • Lines and paragraphs break automatically.
By submitting this form, you accept the Mollom privacy policy.